Antes de Google Maps, el camino en Morelia se marcaba desde el suelo

Por: | 10 abril, 2026

Por: Asaid Castro

¿Las hbias visto? En el Centro Histórico de Morelia existe un sistema para guiar a los turistas que no está en postes ni en mapas. Está en el piso. Son placas metálicas incrustadas en las banquetas que marcan rutas hacia templos, plazas y edificios históricos, pero que hoy pasan desapercibidas para la mayoría.

Son poco más de las 12:00 horas sobre la avenida Madero. El sol ya cae con fuerza sobre la cantera, la gente avanza rápido: turistas con cámara, familias, trabajadores, vendedores, y la mayoría mira al frente, mientras que pocos bajan la vista.

El recorrido inicia a “los pies” del acueducto, Entre las losas aparece una pequeña placa metálica. Tiene un ícono y una flecha. Está, sorprendente como si fuera nueva y se distingue a la perfección. Unos pasos más adelante, otra. Luego una más. El camino empieza a tomar forma en el suelo de la avenida Madero.

Las placas están colocadas especialmente en esta avenida, en esquinas y calles que conectan con puntos de interés, mientras Se repiten figuras: el acueducto, una par de rosas, figuras como San José o la silueta de Morelos. Todas indican dirección. No hay instrucciones visibles, solo la continuidad del trazo.

«Uno ni se fija, pero ahí han estado siempre», dice un boleador de Plaza de Armas, mientras se dispone a echar bola, sin recordar cuando se pusieron al preguntárselo.

Al parecer, el sistema fue colocado durante una administración municipal de mediados de los 2000, según el logotipo del H. Ayuntamiento de Morelia que conservan las piezas. En ese momento, los teléfonos inteligentes no eran de uso común y las aplicaciones de mapas todavía no formaban parte de la vida diaria.

Rutas marcadas entre calles y banquetas

Al seguirlas, el recorrido cambia. Las placas no solo están solo sobre la avenida Madero. Se meten en calles aledañas, doblan esquinas, atraviesan zonas más tranquilas. Aparecen en el Jardín de las Rosas, por la Plaza de San José, por San Francisco, en la Plaza del Carmen y en los alrededores de la Catedral.

Algunas rutas son continuas. Inician en una esquina, giran hacia otra calle y reaparecen metros más adelante, obligan a detenerse por momentos para no perderlas de vista. No hay otra señal que confirme el camino.

Cuando el destino está cerca, el símbolo cambia, la flecha desaparece y aparece una estrella. Marca el punto final. Ahí termina el trayecto para un punto de interés, como en el Templo de la Cruz, Catedral, Palacio de Gobierno, y hasta el Museo del Estado.

Un sistema que se quedó atrás

Con el paso del tiempo, las placas se han ido desgastando de a poco, y aunque en realidad todas se distinguen con claridad, han sido olvidadas y desplazadas por la tecnologia y pasan inadvertidas.

El flujo de personas no se detiene, caminan sobre ellas sin notarlo. Zapatos, bicicletas, mascotas y hasta maletas cruzan diariamente encima de estas guías que continúan marcando rutas.

A inicios de los años 2000, los sistemas de posicionamiento global comenzaron a expandirse fuera del ámbito especializado. Primero en dispositivos para automóviles. Después, en teléfonos móviles. Con la llegada de los smartphones, especialmente después de 2010, las aplicaciones de mapas se volvieron parte de la rutina, y permanecen hasta 2026.

En ese cambio, este tipo de señalización quedó atrás. Lo que funcionó como una guía para recorrer la ciudad a pie fue sustituido por rutas digitales que se actualizan en tiempo real. Hoy, las placas permanecen fijas en el suelo. No cambian, no se actualizan. Siguen marcando caminos dentro del primer cuadro de la ciudad.

Al final, el recorrido termina donde empezó, entre gente que camina sin mirar abajo. Las placas siguen ahí. Solo hace falta detenerse un momento para encontrarlas.

Fotos: Asaid Castro/ACG

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