El uso de herramientas como ChatGPT y buscadores de Google está modificando la forma en que los estudiantes aprenden, con efectos que van más allá del aula.
Un reportaje de Time retoma estudios que alertan sobre cambios en la actividad cognitiva asociados al uso intensivo de inteligencia artificial.
Investigaciones con electroencefalogramas muestran que quienes recurren a ChatGPT presentan menor activación cerebral en comparación con quienes escriben sin asistencia.
Además, estos usuarios registraron un desempeño inferior en aspectos lingüísticos y conductuales, con una tendencia creciente a depender de respuestas automáticas.
El fenómeno no es aislado. Especialistas advierten que el acceso inmediato a respuestas puede fomentar una especie de “externalización del pensamiento”, donde el esfuerzo cognitivo se reduce.
Aunque estas herramientas facilitan tareas rápidas, su uso constante podría afectar la retención de conocimientos y el desarrollo de habilidades críticas.
Ante este panorama, educadores y expertos coinciden en que el desafío no es prohibir la tecnología, sino integrarla con criterios pedagógicos claros.
El objetivo, señalan, es evitar que la inteligencia artificial sustituya procesos mentales esenciales y, en cambio, funcione como un complemento que potencie el aprendizaje.