Cuando los sonidos prehispánicos se encuentran con la ciudad

Por: | 25 agosto, 2026

Por: Félix Madrigal/ACG

En medio del movimiento cotidiano de Morelia, entre el paso de peatones, el ruido del transporte y la actividad de las calles, los sonidos de caracoles, tambores y otros instrumentos de origen mesoamericano encuentran un espacio para hacerse escuchar. Detrás de ellos están Valdemar Aguilar y Fernando Martínez, dos músicos que desde hace aproximadamente tres meses comenzaron a compartir este proyecto.

Para Valdemar Aguilar, el acercamiento a la música prehispánica no es reciente. Desde hace 23 años inició un proceso de investigación y experimentación con instrumentos relacionados con las culturas de Mesoamérica. Su trabajo se ha desarrollado también a través de Jadex Sonidos Prehispánicos, agrupación con la que este año cumple dos décadas de trayectoria.

Su interés comenzó desde joven, cuando encontró un casete del músico Jorge Reyes que pertenecía a su padre. Aquel material se convirtió en una referencia importante durante una etapa en la que buscaba definir qué quería expresar a través de la música.

Aguilar había estudiado cinco años en Bellas Artes y también había tenido acercamientos a la música clásica y al rock. Sin embargo, la posibilidad de explorar los sonidos prehispánicos le permitió encontrar un lenguaje distinto al que había conocido en su formación musical.

Incluso uno de sus primeros instrumentos llegó de una manera poco convencional. Recordó que su madre tenía un caracol utilizado como florero en casa y, después de haber visto a alguien tocar uno, decidió tomarlo para comenzar a experimentar con él.

Desde entonces comenzó una búsqueda que lo llevó a conocer, estudiar y reunir distintos instrumentos. Algunos son réplicas de piezas encontradas en zonas arqueológicas y otros son elaborados actualmente por artesanos de entidades como Ciudad de México, Veracruz y Chiapas.

Para Aguilar hablar de música prehispánica también implica reconocer que no existe actualmente un registro completo que permita conocer con exactitud cómo sonaban aquellas piezas. Existen referencias en crónicas históricas, pero no partituras ni grabaciones que permitan reproducirlas tal como fueron interpretadas originalmente.

Gran parte de lo que actualmente se conoce ha llegado mediante la tradición oral y las expresiones que permanecieron en distintas comunidades y grupos de danza. Por ello, considera que lo que actualmente se realiza con estos instrumentos pertenece también a una interpretación contemporánea de ese legado.

Las referencias históricas hablan de música vinculada con ceremonias y rituales, donde los instrumentos podían sonar durante largos periodos. Para Aguilar, ese contexto es muy diferente al formato actual de las canciones, acostumbrado a piezas de pocos minutos.

Por ello, su propuesta no busca necesariamente recuperar una supuesta pureza de la música prehispánica, sino tomar los instrumentos, sus sonidos y la influencia cultural para construir una expresión propia en el presente.

Fernando Martínez llegó a este proyecto desde otra perspectiva. Su formación en Teatro y su interés por distintas disciplinas artísticas lo llevaron a acercarse a la música, la danza y otras expresiones relacionadas con la cultura.

Al salir a tocar a las calles, ambos encuentran precisamente uno de los elementos que más disfrutan, el contraste entre estos sonidos y una ciudad que permanece en constante movimiento.

Mientras las personas caminan, el transporte circula y las actividades cotidianas continúan, los instrumentos generan un ambiente distinto. No necesariamente se trata de una presentación solemne; también hay espacio para el disfrute, para el ritmo y para que quienes pasan se detengan o incluso bailen.

Para ambos, acercarse a estas expresiones también significa hablar de identidad. Aguilar señala que no se trata únicamente de “rescatar” las raíces, sino de fomentarlas y conocerlas, entendiendo que la cultura también está presente en la comida, las fiestas, la música y las distintas formas de expresión que forman parte de un pueblo.

En ese sentido, consideran que conocer el pasado permite comprender mejor el presente y reconocer aquello que una cultura puede aportar al mundo.

Y aunque trabajan con instrumentos de origen mesoamericano, tampoco buscan mantenerse alejados de la actualidad. Aguilar explicó que incluso han incorporado en ocasiones sintetizadores virtuales, siguiendo una línea similar a la que exploró Jorge Reyes en su trabajo.

Entre el sonido profundo de un caracol y los golpes de los tambores, Valdemar Aguilar y Fernando Martínez continúan explorando una música que mira hacia el pasado, pero que encuentra en las calles de Morelia una manera de mantenerse presente y de encontrarse con nuevas personas.

Fotos: Félix Madrigal/ACG

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