El arte de enseñar a mirar al toro

Por: | 7 septiembre, 2026

Por Félix Madrigal

Entre capotes, muletas y becerras, la tradición taurina continúa pasando de una generación a otra en Morelia. En el Bosque Cuauhtémoc, cerca de la Pila de los Patos y frente a la zona del Acueducto, jóvenes y niños entrenan bajo la enseñanza del maestro Octavio Castro Santanero, quien lleva décadas ligado a la fiesta brava.

Castro, a sus 77 años, recordó que su acercamiento al toreo comenzó desde niño, en Santa Ana Maya, Michoacán, dentro de una cuadrilla donde también participaba su hermano, quien era rejoneador. Su primera experiencia, sin embargo, no fue precisamente exitosa: una becerra que no era tan pequeña le dio una fuerte sacudida y decidió no volver a torear el domingo siguiente.

Tiempo después, tras mudarse a Morelia y continuar con sus estudios en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), donde estudió la licenciatura en Ciencias Biológicas, el interés por los toros regresó. Comenzó nuevamente a entrenar, se convirtió en novillero y llegó a presentarse en distintas plazas de México, entre ellas la Plaza México. También toreó en Caracas, Venezuela, y en La Santamaría de Bogotá, Colombia, además de acudir a ganaderías de España.

Tras retirarse de los ruedos, continuó relacionado con la tauromaquia como empresario y apoderado. Durante seis años estuvo al frente de la Feria de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, y posteriormente administró durante cinco años las ganaderías de Pepe Garfias, entre ellas Santa Isabel, Pepe Garfias y De Santiago, en San Luis Potosí.

Su actividad está enfocada en enseñar. Castro encabeza la Academia Taurina Municipal de Morelia, donde trabaja con niños y niñas a quienes busca transmitir la técnica y los conocimientos que ha adquirido durante su trayectoria.

“Ahí es donde está mi pago”, expresó al hablar de ver a sus alumnos construir sus propias faenas. Para el maestro, enseñar a las nuevas generaciones representa también una forma de dejarles, antes de retirarse definitivamente, parte de la sabiduría que ha acumulado en el toreo.

La academia cuenta además con el cortijo La Maestranza, espacio donde realizan entrenamientos y festivales en los que los jóvenes participan vestidos de corto y de luces, con una preparación similar a la de los toreros profesionales. El cortijo está próximo a cumplir 21 años de haber sido inaugurado y, de acuerdo con Castro, durante diciembre se realizarán dos festivales para conmemorar el aniversario.

Uno de los alumnos que actualmente entrena con él es Rafael Cortés Gutiérrez, anunciado taurinamente como Rafael Cortés. Tiene 10 años y comenzó a entrenar a los cinco, por lo que suma cinco años de formación con el maestro Octavio Castro.

Su afición nació desde muy pequeño. Aunque inicialmente quería ser rejoneador y seguía en videos a figuras como Andy Cartagena y Diego Ventura, las corridas terminaron por despertar su interés por el toreo de a pie. Incluso, recordó que desde los dos años su fiesta de cumpleaños tuvo como tema los toros y que posteriormente recibió un traje de luces comprado en el Mercado Independencia.

Rafael ya cuenta también con experiencia en festivales. Su debut ocurrió en Ojuelos de Jalisco, durante una novillada mixta en la que compitió con un niño procedente de Uruapan. Aquella primera tarde terminó con su primer triunfo y un trofeo.

Rafael también habló sobre las críticas de grupos animalistas y antitaurinos. Dijo respetar sus opiniones, pero pidió que también se respete su profesión y los invitó a conocer el campo bravo y el proceso de cuidado de los toros antes de una corrida.

Explicó que los animales reciben cuidados desde las ganaderías, son supervisados por caporales y se procura mantenerlos en buenas condiciones durante su traslado. También mencionó que actualmente los ganaderos mantienen especial atención ante el riesgo del gusano barrenador, debido a las infecciones que puede provocar en los animales.

Rafael y su maestro defendieron además la importancia de la crianza del toro bravo y señalaron que, desde su perspectiva, la actividad taurina forma parte de una tradición artística y cultural que también ha quedado plasmada en libros, poesía, escultura y pintura, con obras de artistas como Picasso y Goya, así como exponentes mexicanos.

Castro sostuvo que el toro bravo vive en el campo abierto y en condiciones naturales durante gran parte de su vida, además de considerar que su crianza genera empleos y contribuye al mantenimiento de otras especies dentro de las ganaderías.

Ambos también explicaron algunos elementos de la tradición taurina, como el sorteo de los toros previo a las corridas, la preparación del traje de luces y los reconocimientos que pueden recibir tanto los toreros como los animales. Rafael mencionó, entre ellos, el arrastre lento como homenaje a un toro que tuvo una actuación destacada, así como el indulto, mediante el cual un toro considerado excepcional puede ser perdonado.

Con cinco años de entrenamiento, Rafael se considera uno de los niños toreros con mayor tiempo de formación en Morelia. Ahora, junto con otros jóvenes, continúa aprendiendo bajo la enseñanza de Octavio Castro, quien encuentra en ellos una nueva generación a la cual transmitir una tradición que ha marcado buena parte de su vida.

Fotos: Félix Madrigal/ACG

Categorías:
Obtén las últimas noticas exclusivas