En distintos edificios públicos, museos, escuelas y plazas del estado, los murales continúan narrando la historia de Michoacán. Sus imágenes retratan episodios sociales, políticos y culturales que forman parte de la identidad de la región. Sin embargo, con el paso del tiempo algunos de estos trabajos han desaparecido o permanecen poco documentados, lo que ha impulsado proyectos de investigación, registro y conservación para preservar su memoria.
Uno de esos esfuerzos es el libro Muralismo en Michoacán. Continuidades y tipologías de un movimiento artístico, una publicación impulsada por la Secretaría de Cultura de Michoacán a través del Centro de Documentación e Investigación de las Artes (CDIA). La obra reúne el registro de 95 murales ubicados en distintas regiones del estado y forma parte de la colección editorial “Pasos en el Arte”.
La jefa del CDIA, Alma Sandra Sánchez Segura, explicó que el proyecto permaneció detenido durante más de una década antes de retomarse y concretarse. Durante ese proceso fue necesario organizar la información disponible, establecer criterios de selección y reunir material fotográfico que permitiera apreciar adecuadamente cada obra.

“El objetivo era que el libro funcionara como un registro amplio del muralismo en el estado, no solamente concentrado en Morelia, sino que incluyera distintas regiones”, comentó.
El volumen, de aproximadamente 450 páginas, reúne el trabajo de 22 investigadoras e investigadores y el registro fotográfico de seis fotógrafos, además de integrar información sobre la ubicación de cada mural, la técnica utilizada y su estado de conservación. Algunos de los murales incluidos ya no existen, pues fueron cubiertos o eliminados con el paso de los años.
En ese sentido, la publicación busca resguardar visual y documentalmente estas obras que forman parte del patrimonio artístico del estado.

El registro fotográfico fue una de las piezas centrales del proyecto. Entre quienes participaron en esta tarea se encuentra el fotógrafo Joaquín Hernández Camargo, quien recorrió diversas regiones del estado para documentar cerca de 70 murales distribuidos en distintos municipios de Michoacán.
Originario de Araró, en el municipio de Sinapécuaro, Hernández Camargo ha dedicado gran parte de su vida a la fotografía y ha participado en más de treinta publicaciones. En este proyecto, su labor consistió en capturar cada mural con precisión técnica para conservar un registro visual fiel de las obras.
Para realizar el trabajo fue necesario planear cuidadosamente los recorridos. El fotógrafo utilizó un mapa físico de Michoacán en el que marcó los lugares donde se encontraban los murales, lo que le permitió organizar rutas semanales por distintas regiones del estado. Los viajes partían desde Morelia generalmente los lunes por la madrugada y se extendían durante varios días para cubrir diferentes municipios.

Fotografiar murales representa un reto técnico particular. Debido a su gran formato y a su ubicación en muros elevados, muchas veces es necesario utilizar equipo especial, iluminación potente e incluso escaleras para lograr una perspectiva correcta y evitar distorsiones en la imagen.
“Para lograr una perspectiva correcta en la fotografía de un mural tienes que estar a nivel o lo más alto posible”, explicó Hernández Camargo. El objetivo era capturar cada obra respetando su composición, iluminación y equilibrio de color, de modo que la fotografía pudiera reflejar con fidelidad la pieza original.
Durante estos recorridos también fue posible observar la diversidad del muralismo en el estado. Algunas obras se encuentran en edificios públicos o instituciones educativas, mientras que otras están ubicadas en espacios menos visibles o de difícil acceso, lo que implicó localizar a los responsables de los inmuebles para obtener los permisos necesarios para su documentación.

Además del registro de los murales, los trayectos por carretera permitieron capturar más de mil fotografías adicionales de paisajes y escenas del entorno michoacano que surgían de manera espontánea durante los viajes.
En este tipo de proyectos, la fotografía no solo documenta las obras, sino que también permite que el lector se acerque visualmente a ellas. Las imágenes dialogan con los textos de investigadores e historiadores, quienes aportan el contexto necesario para comprender el significado cultural e histórico de cada mural.

En la capital del estado, varios de estos murales forman parte de la memoria visual del centro histórico. Edificios como el Museo Regional Michoacano, el Palacio de Gobierno y el Colegio de San Nicolás resguardan algunas de las obras más representativas.
El director del Museo Regional Michoacano, Jaime Reyes Monroy, señaló que en algunos casos la historia de estas piezas ha tenido que reconstruirse a partir de documentos dispersos, archivos y notas periodísticas.
Uno de los ejemplos se encuentra dentro del propio museo, donde la historia de uno de sus murales se ha ido reconstruyendo con el paso de los años a partir de diversas fuentes documentales.

Según explicó el director, en diciembre de 1934 el entonces rector de la Universidad Michoacana invitó a varios artistas a asistir a la toma de protesta presidencial de Lázaro Cárdenas del Río en la Ciudad de México. Sin embargo, el rector no regresó a Morelia, por lo que el proyecto mural quedó sin su principal impulsor.
Los artistas volvieron a la ciudad y la única constancia de su presencia fue el registro de sus firmas en un libro. Con el tiempo, investigadores han intentado reconstruir las circunstancias en que se realizó la obra.
Uno de los estudios más recientes fue desarrollado por el arquitecto Eugenio Mercado, quien reunió documentación y testimonios para elaborar una investigación que dará origen a un libro dedicado a la historia del mural.

Reyes Monroy destacó que, además de su valor artístico, estos murales condensan momentos clave de la historia del estado. Entre las obras más representativas mencionó el mural de Alfredo Zalce, que sintetiza la historia de Michoacán desde la época prehispánica hasta el periodo revolucionario, así como los murales del Palacio de Gobierno y del Palacio de Justicia, donde se representa el proceso revolucionario y la figura de José María Morelos y Pavón.
La conservación de estos murales también representa un desafío. En algunos casos los muros presentan problemas de humedad o deterioro natural, por lo que especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia realizan trabajos periódicos de mantenimiento.
Para investigadores, fotógrafos y especialistas, el muralismo michoacano sigue siendo un campo abierto de estudio. A medida que se revisan archivos, se documentan nuevas obras o se recuperan piezas olvidadas, aparecen más historias que ayudan a comprender la riqueza artística del estado.
Mientras tanto, proyectos editoriales, registros fotográficos y trabajos de conservación continúan aportando nuevas miradas para que estos murales, además de permanecer en los muros, sigan vivos en la memoria cultural de Michoacán.
