Por: Alfredo Soria/ACG
A sus 20 años, José Santiago Landa Carrillo comienza a abrirse paso en la artesanía del barro desde Capula, una de las tenencias morelianas más reconocidas por este oficio. Aunque su acercamiento no nació directamente en la elaboración de catrinas y cruces, hace dos años empezó a aprender el trabajo artesanal y este año incursionó por primera vez en la creación de cruces de barro, piezas que ahora también ofrece en Morelia.

Su historia dentro del oficio comenzó a partir de la familia de su esposa. Ahí, en el taller donde trabaja junto con su cuñado, fue aprendiendo poco a poco una labor que ya le llamaba la atención, pero a la que antes no había podido dedicar tiempo. Su mamá, contó, se dedica a hacer cazuelas, pero en su caso el aprendizaje llegó por otra vía.
“Mi mamá hacía puras cazuelas, es lo único que hace. Ya fue que me casé y mi cuñado me empezó a enseñar”, relató.

José Santiago explicó que, aunque ahora también elabora cruces, primero se formó haciendo catrinas, piezas que considera más complejas por el nivel de detalle que requieren. Por eso, dijo, si tuviera que quedarse con una sola línea de trabajo, elegiría esas figuras.
“Con las catrinas me quedaría”, expresó.

A diferencia de las cruces, señaló, las catrinas implican más trabajo en partes como la cabeza, el cuerpo y sobre todo las manos, que para él fueron lo más difícil de dominar cuando iba comenzando. Recordó que al principio los dedos se le rompían con facilidad y eso lo obligó a desarrollar paciencia en cada pieza.
“Las manos son lo más difícil. Tiene que hacer uno dedito por dedito y a mí se me rompían. Es de ahí donde se estresa uno, pero ya con el tiempo va enseñándose”, comentó.

Sobre las cruces, contó que este es el primer año que las realiza y decidió probar con una elaboración distinta a la que ya conocía. Aunque considera que las cruces son más sencillas que una catrina, también encontró en ellas una posibilidad para empezar a proponer ideas propias.
De hecho, dijo que una de sus primeras aportaciones fue una cruz adornada con varias flores, diseño que surgió de su propia iniciativa y que después sirvió para tomar nuevas ideas.

“Fue de mi idea. La primera que hice fue así y de ahí fuimos sacando las ideas de ponerles varias flores”, explicó.
Pese a llevar apenas dos años en la artesanía, el joven de Cápula aseguró que se ve a futuro dentro de este oficio y con la intención de desarrollar diseños propios. Más allá de repetir modelos, dijo que busca imprimir poco a poco algo personal en las piezas que elabora.

“Primero Dios, yo siento que con diseños propios”, expresó al hablar de cómo se imagina dentro de varios años.
Sin embargo, además del aprendizaje técnico, también ha tenido que enfrentar una de las situaciones más comunes para quienes viven de su trabajo manual: el regateo. Señaló que con frecuencia hay personas que consideran caros los precios sin detenerse a pensar en el tiempo, el esfuerzo y hasta las desveladas que implica sacar adelante cada pieza.

“Si supieran que uno hasta se desvela por hacer las piezas”, lamentó.
Para José Santiago, detrás de cada cruz o cada catrina hay más trabajo del que a veces alcanza a verse a simple vista. Por eso consideró que muchas veces no se valora de manera justa la labor de los artesanos, aun cuando ellos cobran con base en lo que realmente les cuesta elaborar cada pieza.

“Uno cobra lo justo. Uno sabe el trabajo que lleva elaborarlas”, sostuvo.
Con 20 años, dos dentro de la artesanía y en su primer año elaborando cruces de barro, José Santiago Landa Carrillo representa también a una generación joven que encuentra en el barro no sólo una fuente de ingreso, sino un oficio que quiere seguir construyendo con paciencia, aprendizaje y, eventualmente, con sello propio.

Fotos: Alfredo Soria/ACG