La salsa Valentina, una de las más consumidas en México, tiene un origen que mezcla historia, industria y cultura popular. Su nombre rinde homenaje a Valentina Ramírez Avitia, figura ligada a la Revolución Mexicana, símbolo de valentía y carácter.
Fundada en 1960 por Manuel Maciel Méndez en Guadalajara, la empresa que dio vida a esta salsa apostó por un sabor accesible y directo. Con el tiempo, Valentina se volvió infaltable en carritos de frituras, marisquerías y hogares, hasta convertirse en un emblema del picante nacional.
Su éxito se explica también por el hábito mexicano de consumir salsas: cada persona ingiere en promedio siete botellas al año. Con dos niveles de picor y amplia distribución, la marca consolidó su presencia dentro y fuera del país.
Hoy, Valentina se exporta a Estados Unidos, Canadá, Centroamérica y Europa, donde acompaña la nostalgia gastronómica de la diáspora mexicana y reafirma que el picante es identidad, no moda.