A los nueve años, Feliciana Bautista lloró porque su abuela la obligó a dejar los “rebositos chiquitos” y comenzar a tejer piezas grandes. Más de medio siglo después, la artesana purépecha ha confeccionado rebozos para artistas como Tenoch Huerta y Marco Antonio Solís, mientras enseña el oficio a su nieta Leslie, “La niña de los rebozos”.
Por Asaid Castro/ACG
Este 10 de mayo, Feliciana Bautista recuerda la vida que ha pasado entre rebozos, flores bordadas y puntas tejidas a mano. Durante años, sus manos no solo confeccionaron textiles purépechas, también criaron a hijos, nietos y una nueva generación que hoy comienza a seguir el oficio familiar.

Tiene 68 años y lleva más de cinco décadas dedicada al trabajo textil. Nació en Ahuiran, municipio de Paracho, una comunidad donde el telar y los rebozos forman parte de la vida cotidiana. Dice que aprendió desde niña, casi a la fuerza, cuando su abuela decidió que ya era momento de dejar el juego y comenzar a trabajar de verdad.
«”Ya no quiero que hagas ese rebozo chiquito”, me decía mi abuelita y yo me agarraba llore y llore por que no quería hacer las piezas grandes» recuerda que le decía.

Feliciana cuenta la anécdota y todavía sonríe como si siguiera viendo a aquella niña que lloraba frente al telar porque no quería hacer piezas grandes. Su abuela insistió. Tiempo después terminó uno y entonces ocurrió algo que todavía guarda en la memoria: la mujer lloró de orgullo al verla lograrlo.
Desde entonces, los rebozos se volvieron parte de su vida. Aprendió a trabajar el telar de cintura, a rematar las puntas hechas a mano y a confeccionar otras prendas como capas, vestidos, chalecos y ponchos. Décadas después, sus piezas han llegado incluso a manos de artistas como y Tenoch Huerta, Marco Antonio Solís, y hasta a Bárbara Torres, famosa por su interpretación de Excelsa en la “Familia P.Luche”.

Y mientras acomoda textiles en Clavijero y habla de los artistas a quienes ha vestido, Feliciana parece más interesada en hablar de otra cosa más allá de su trabajo: su nieta.
En la muestra “Michoacán en las Manos”, donde artesanos de distintas regiones del estado exhibieron textiles, fibras vegetales y alfarería tradicional, Feliciana permaneció sentada gran parte del tiempo detrás de sus rebozos. A ratos explicaba cómo se elaboran, a ratos invitaba a la gente a acercarse y, también, hablaba del esfuerzo que implica cada pieza hecha a mano.

El proceso comienza desde el tejido y termina hasta colocar las últimas decoraciones sobre las puntas. Son horas de trabajo repartidas entre bordados, costuras y detalles diminutos que muchas veces los compradores no alcanzan a notar.
Por eso, cuando escucha que algunos clientes intentan regatear el precio, apenas niega con la cabeza, acompañada de su nieta Leslie, de ocho años, quien también ha aprendido el oficio.

La niña cuenta que muchas veces escucha cómo las personas quieren pagar menos por los rebozos sin pensar en el tiempo invertido detrás de cada pieza, «Hace mucho trabajo el artesano y luego nos quieren pagar menos de lo que es», dice seria y con elocuencia.
Feliciana la escucha sin interrumpirla. Parece acostumbrada a verla hablar frente a desconocidos.

Leslie es conocida entre algunos artesanos como “La niña de los rebozos”. Comenzó a acompañar a su abuela desde muy pequeña y asegura que aprendió simplemente observándola trabajar. Una segunda madre para ella, cuenta.
«Yo miraba a mi abuelita poniendo la pluma y yo quería hacerlo también, de ella aprendí lo que se hasta ahorita y ya quiero empezar a hacer rebosos», cuenta. Ahora ayuda colocando las decoraciones en las prendas terminadas y acompañando a Feliciana en exposiciones y encuentros artesanales. La artesana dice que pasa más tiempo con ella que incluso con su propia mamá porque suelen viajar juntas constantemente, cuando no está en clases.

La niña todavía va a la primaria, pero cuando habla de su futuro ya tiene claro algo: quiere seguir ligada a la generación de artesanos que dejo su abuelita. Dice que le gustaría convertirse en promotora para ayudarlos y enseñar a otras personas el valor de su trabajo.
Hace más de medio siglo, Feliciana aprendió entre regaños y telares. Hoy, en este 10 de mayo, su nieta comienza a hacerlo mirando las mismas manos que no solo tejieron rebozos, sino también una generación de artesanos dentro de su familia.
Fotos: Asaid Castro/ACG