Naturaleza y rostro humano se funden en exposición del Clavijero

Por: | 9 abril, 2026

Por Asaid Castro/ACG

Entrar a la exposición “Adentro: habitando lo invisible” de Carolina Pavia, en el Centro Cultural Clavijero es cruzar una puerta marcada por lo extraño. Desde los primeros pasos, la sala 7 sorprende con figuras humanoides que parecen brotar de la naturaleza: rostros que nacen de flores, cuerpos que se estiran como tallos y miradas que, más que observar, parecen estar pensando.

La muestra reúne pintura, escultura y un mural de gran formato en un mismo espacio, construyendo una experiencia que no solo se recorre, sino que se habita, hasta en las expresiones. La propuesta mezcla lo onírico con lo simbólico, creando un universo donde lo cotidiano se diluye en lo imaginario y lo emocional toma forma visible.

Entre las piezas, destacan obras que despiertan una curiosidad inmediata. “La noche de ánimas” cautiva por los colores y la relación con noche de muertos, mientras que “La naturaleza está enferma” plantea una imagen inquietante donde lo orgánico parece doler. Otras, como la pintura, “La inagotable espiral del pensamiento” y la escultura “Paseando a su conejo” abren escenas íntimas, atravesadas por lo extraño.

Uno de los elementos que más atrapan al espectador son los rostros y las expresiones de las esculturas. Hay miradas que transmiten preocupación, otras que parecen suspendidas en la tristeza, algunas más evocan asombro, curiosidad y hasta ansiedad. Son gestos sutiles, pero cargados de intención, que invitan a detenerse y a interpretar lo que cada figura podría estar sintiendo o pensando.

Las esculturas refuerzan esa sensación de extrañeza cercana: figuras alargadas, delicadas, con manos suspendidas y posturas contenidas. Algunas emergen como flores humanas, otras parecen congeladas en medio de un movimiento, como si el tiempo se hubiera detenido justo en el instante previo a una acción.

Recorrer la sala es, al final, un ejercicio de pausa. No hay una sola lectura ni un recorrido lineal: cada pieza parece pedir tiempo. Entre colores suaves, formas curvientas y miradas detenidas, “Adentro: habitando lo invisible” convierte la visita en una experiencia que permanece en el espectador.

Fotos: Asaid Castro/ACG

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