Ale Anguiano afirmó que en Michoacán y en México ya no puede tolerarse que quienes ocuparon los más altos cargos públicos pretendan colocarse por encima de la ley. La confirmación hecha por la presidenta Claudia Sheinbaum de que existe ficha roja de Interpol y que sigue abierta una orden de aprehensión contra el exgobernador Silvano Aureoles marca un mensaje político de fondo: el poder ya no puede seguir siendo refugio de impunidad.
Señaló que no se trata de una disputa de narrativa, sino de una ruta legal e institucional que hoy avanza con claridad, y en la que el gobierno de Alfredo Ramírez Bedolla ha asumido una posición firme para que los agravios cometidos desde el poder no queden sin castigo. Esa determinación, dijo Ale Anguiano, marca una diferencia de fondo entre quienes protegían redes de privilegio y quienes hoy asumen que gobernar también implica desmontar la impunidad.
Ale Anguiano señaló que lo que está en juego no es solamente la responsabilidad individual de un exmandatario, sino una definición histórica sobre el tipo de Estado que se quiere construir: uno que encubra a los poderosos o uno que responda al pueblo. Los reportes públicos indican que Silvano Aureoles enfrenta señalamientos en el ámbito federal por presunto fraude y, a nivel local, una orden de aprehensión relacionada con los hechos de Arantepacua de 2017. Frente a ello, dijo, no cabe el silencio ni la tibieza: Michoacán merece verdad, justicia y memoria.
La justicia no puede ser selectiva ni negociable, no se puede exigir legalidad para el pueblo y tolerancia para quienes usaron el poder contra el propio pueblo. La Cuarta Transformación tiene sentido porque rompió con esa vieja impunidad de élite, en la que unos cuantos saqueaban, reprimían y después pretendían presentarse como perseguidos políticos, no lo son. Lo que existe son instituciones actuando y una exigencia social de rendición de cuentas.
Ale Anguiano afirmó que las y los michoacanos tienen derecho a saber qué se hizo con los recursos públicos, quién debe responder por los agravios cometidos y por qué durante años se normalizó el abuso desde el gobierno, cuando se trata de corrupción, violencia y abuso de poder, no puede haber borrón ni olvido.
La transformación también se mide por esto: por la capacidad de romper pactos de silencio, perseguir a quienes traicionaron la confianza del pueblo y dejar claro que en México ya no hay intocables. Porque cuando la derecha gobernó, protegió privilegios; cuando gobierna la transformación, debe gobernar la justicia.